Porque faltó muy poco

Faltó muy poco para conocer el final de mi vida, faltó muy poco para empezar a escribir mi despedida, para no levantarme de una cama, para no estar con ellas. Faltó muy poco para sentir dolor y no tener fuerzas, para que explotara mi cabeza y mi cuerpo sufriera. Faltó muy poco para pasar los días en una sala de espera, y acostumbrarme a las agujas y las miradas de pena. Leer más