Porque faltó muy poco

Faltó muy poco para conocer el final de mi vida, faltó muy poco para empezar a escribir mi despedida, para no levantarme de una cama, para no estar con ellas.

Faltó muy poco para sentir dolor y no tener fuerzas, para que explotara mi cabeza y mi cuerpo sufriera.

Faltó muy poco para pasar los días en una sala de espera, y acostumbrarme a las agujas y las miradas de pena.

Faltó realmente poco para convertirme en una persona triste, sin luz, ni sonrisa, ni temas de conversación alegres.

Faltó muy poco para que mi corazón se rompiera al dejar de ser su inspiración y fuerza.

Faltó muy poco para que ellas me vieran llorar, para que me oyeran quejarme, para que me empezaran a molestar.

Faltó muy poco para que vivieran débil.

Y ahora sigo llorando a escondidas, y me siento culpable, sigo sintiendo tristeza, y me siento culpable.

Aún sigo con un nudo en la garganta, y me siento culpable, sigo fingiendo sonrisas, y me siento mucho más culpable.

Y ahora tengo que seguir con mi vida, pero no me olvido, tengo que seguir siendo su ejemplo, pero no me olvido.

Vuelvo a tener toda la vida por delante, pero no me olvido, tengo que sacar algún aprendizaje, pero no me olvido.

Porque faltó muy poco…

Yo pensaba que la felicidad era creer que eres inmortal, que escribir sobre mi día a día era divertido, y que buscar mil planes y hacer mil cosas les haría quererme más.

Pero he aprendido que lo importante es “estar”, “estar de verdad” el tiempo que nos regale la vida.

Yo pensaba que aguantaría el dolor, y los vómitos, y las agujas, que no rompería a llorar en una sala de espera delante de los demás, y que la peluca sería muy cómoda, incluso que sin pelo estaría preciosa.

Pero he aprendido a respetar la enfermedad y los enfermos, a sentir más compasión por su sufrimiento.

Yo pensaba que me había convertido en una mujer fuerte y valiente, que mi familia dependía de mí y me gustaba ser su guía, y que debía planificar cada momento de sus vidas.

Pero he aprendido que sin ellos no soy ni fuerte ni valiente, que ellos con sus abrazos y sus sonrisas me han guiado hasta hoy.

Yo pensaba que podría seguir con mi vida normal, que jugaría con ellas, que haríamos recetas y dibujos, y que les haría “normal” todo lo malo que nos venga.

Pero he aprendido a que fingir tiene límites que no alcanzo, y a que nunca tendremos una vida “normal”, habrá que aceptar lo malo.

Pero es que faltó muy poco…

Entiendo que nuestro corazón necesite un tiempo para que todo vuelva a su lugar, para reír, y para seguir cometiendo errores.

Entiendo lo afortunada que soy, que ha sido la mejor suerte.

Estoy dispuesta a dejar en mi corazón todo lo bueno, y despedir de mi mente lo malo, confiar más en la suerte.

Estoy dispuesta a seguir aprendiendo de esta loca vida.

Voy a disfrutar de cada instante, a guardar todos los recuerdos, a ser sincera y aceptar sentimientos, los míos y los vuestros.

Realmente, voy a volver a ser la que era.

Pero es que faltó muy poco

No he tenido vomitos ni dolor, pero los he imaginado.

No he tenido grandes cicatrices, pero casi las he sentido.

No he tenido que despedirme aún, pero lo he soñado.

Al final resulta que nunca he tenido cáncer, pero lo he creído.


Aquí dejo este poema, inspirada por la increíble Alejandra Martinez de Miguel. Y si alguien llega al final y quiere conocer la historia completa, lee el post “Cuando el cancer casi estropea tu cuenta de Instagram y tu vida, o no” que escribí durante los meses de diagnóstico y tratamiento erróneos.

Deja un comentario