Momentos felices sin foto

Mucha gente dice conocerme por mis fotos, me dice que soy feliz por mis fotos o conoce cómo son mis hijas por las fotos…pero qué sabe nadie.

Qué sabe nadie sobre mí si no mantenemos una conversación en un parque o con un café, que sabe nadie de mis princesas si no las oye reír y pelearse también.

Todo lo que ven en mis fotos es real, que somos felices y muy afortunados es totalmente verdad, pero lo que no se ve en las fotos ni se lo imaginan.

Sin foto vivimos día a día miles de momentos, la mayoría felices y divertidos, qué le vamos a hacer si nos tomamos así la vida y la maternidad. Sin foto vivimos día a día algunos momentos más incómodos de llantos, gritos de mami, discusiones con ellas sobre cumplir una norma o un límite, explicaciones sobre peligros, sobre no pegar, sobre comer saludable…

Os prometo que con ellas soy muy pesada, aburrida y machacona…hasta que yo misma me doy cuenta de que “me estoy pasando” y entonces es cuando me vuelvo a poner divertida y les dejo respirar, les dejo su espacio y yo busco el mío para volver a conectar con la persona y la madre que sí quiero ser.

Tenemos momentos sin foto que me hacen llorar de culpa, y que me hacen sonreír desde el alma.

Porque en nuestro día a día hay besos sin foto, miradas sin foto, miedos sin foto, lucha sin foto, amor sin foto, palabras de aliento sin foto, suspiros sin foto, caricias sin foto, y más y más besos sin foto.

Las observo cómo descubren, cómo echan de menos, sus ojos al oír las llaves de la puerta al llegar papá, sus gritos porque no les gusta compartir, su voz cuando cuenta un cuento inventado, cuando recita una poesía de clase, o sus piernas al bailar como locas. A veces hago foto, y otras veces no.

Y lo último que observo cada noche antes de dormir es como Jimena se agarra de mi cuello y me acaricia, mientras Natalia rodea mi barriga con sus piernas y me coge de la mano porque tiene miedo, y que papi me dice que me quiere y me da el último beso antes de irse al otro lado de la cama. Este momento sin foto de los cuatro en la cama cada noche es el que más me gusta, el que más me duele porque me arrepiento de varios momentos malos del día, pero es el instante que me hace sonreír desde el alma antes de dormirme con un profundo suspiro.

Guardo cada momento con una foto, no para los demás, sino para ellas y para mí, porque me imagino yo muy viejecita pasando las tardes viendo fotos y vídeos, recordando, echando de menos, teniendo miedo, y sonriendo desde el alma.

Pd: hoy lo escribo tirada en la playa al sol con mi familia y hago foto para el post, y miles de fotos más que nos recuerden este día y cada día.

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