Personajes de un cuento

Érase una vez, un rey que conquistó a su reina una noche en un baile, fue amor a primera vista.

Juntos tuvieron que superar algunos obstáculos, ya que el rey era un joven adulto y experimentado y ella solo una adolescente. Pero el destino había decidido esa noche que su amor sería fuerte y duraría para siempre.

Después de unos años, el rey la invitó a vivir a palacio. Se compraron un bello y veloz caballo negro al que llamaban “Audi”, que era el ojito derecho de la reina, una fantástica jinete. Pronto organizaron una preciosa boda: ceremonia emotiva, exquisito banquete, un baile atrevido y toda la alta sociedad invitada. El rey y la reina estaban felices y dispuestos a vivir muchas más aventuras juntos.

Un caluroso verano, el rey y la reina volvían de unas vacaciones en unas lejanas tierras del reino, cuando la reina se puso indispuesta, y el médico confirmó que estaba encinta. La noticia corrió de boca en boca por el reino y los reyes recibieron numerosas muestras de cariño, todos esperaban ya a conocer al heredero…

Al principio, el rey se enfadó al conocer la noticia de que no sería un varón el bebé que esperaban, sino una pequeña y delicada niña, su princesa. Mágico fue el momento de su nacimiento, lo que marcó un antes y un después para la vida en palacio. Todas las vestimentas eran de color rosa, la reina agotada requería muchos cuidados, y la pequeña princesa solo pedía comer y dormir encima del pecho peludo del valeroso rey. Ya desde los primeros días en palacio, la reina pudo contemplar el maravilloso vínculo que se formaba entre el rey y la princesa, su relación siempre fue especial, y las dotes como padre del rey eran admiradas por todos los habitantes del reino, sus cálidas hazañas eran bien conocidas por todos: cuando el rey regresaba a palacio después de un duro día de trabajos reales, tomaba en brazos a la princesa y jugaban juntos, saltaban en el carísimo sofá del gran salón, paseaban por los jardinesy comían juntos, incluso dormían juntos cada noche, era muy protector y cariñoso con ella. El rey se confesaba enamorado de su princesa, y la reina, celosa, rara vez llamaba la atención del rey, ya que no quería estropear estos cortos momentos que disfrutaban padre e hija. Se limitaba a verlos jugar, reir, bailar y volver a jugar, felices, juntos.

Pero pronto, a la vuelta de otras vacaciones de la familia real, la reina vuelve a sentirse indispuesta y de nuevo el médico confirmó que un segundo bebé estaba en camino. Esta vez no enfadó al rey la noticia de que también se trataba de una niña, una princesita, otra vez de nuevo el rey enamorado, y la reina junto con la princesa mayor celosas por no recibir las mismas atenciones del rey.

Todos los que cerca de allí viven, aclaman al rey por su gran amor hacia las princesas y la reina, padre gentil y fiel esposo, guardián de su reino. Afortunados son los que poseen un trocito de su gran corazón.

….fueron felices y comieron perdices…

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