Palabras de hermana mayor – Parte 2

Hace más de un año os dediqué unas palabras desde el corazón el día de vuestra boda, y hoy os quiero regalar otro trocito de mi corta experiencia.

¡Qué bonito lo que estáis a punto de vivir! Ni lo imagináis aún. 😍

No puedo ver la cara que ponéis a diario, pero he llorado varías veces de emoción cuando intento imaginarlo o cuando veo el vídeo de la ecografia de garbancito.

¿Consejos? No escuchéis ninguno y sentid a cada momento vuestro instinto y amor mutuo y hacia vuestro bebé.

¿Información? Cuanta más mejor, ya que confío en vuestra madurez para saber coger lo positivo para vosotros de cada teoría y cada práctica, consiguiendo VUESTRA fórmula perfecta (no la mía ni la de una amiga ni la de una prima).Lo que tengo claro es que “lo que siempre se ha hecho” ya no funciona, “no pasa nada, son de goma” tampoco me da confianza, y el “ríñele que aunque sea pequeño te entiende” me enfurece mucho.

Hace tiempo escuché o leí, o vi (porque recibimos miles de mensajes diarios sobre todo) que imaginemos varias situaciones diarias con tu hij@: cómo les vestimos, les despertamos, cómo les llevamos por la calle, cómo vamos de compras con ellos…esas rutinas que hacemos sin pensar, algunas veces contentos pero otras veces enfadados porque ese día vamos tarde o tenemos sueño, o una reunión. Después había que volver a imaginar esos momentos pero si fuera un adulto a tu lado, un amigo o amiga, un familiar, y te pedían que te hicieras una pregunta: ¿te hubieras comportado igual hoy con esa persona que con tu hijo? Pues seguramente no, “no podría haberle empujado para que se pusiera rápido el chaquetón, no le hubiera gritado si ya no quería más cena, ni si quería coger una tableta de chocolate en el súper. No le miraría con cara desafiante si intentaba coger el mando de la tele. No…..” Y en otras ocasiones respondería sí: “sí le habría ignorado si me pega o insulta, sí le habría prohibido cruzar la calle sin mirar, sí le habría dado mil besos al despedirme…”.

Así que con esta reflexión me quedo, que es la misma que nos enseñaron papá y mamá “no le hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti”. Y es que es eso, el secreto, es y será siempre la EMPATÍA. Con tu bebé, con tu pareja, en tu trabajo y con amigos.

Si está llorando, abrázale y cálmale durante meses hasta que llegue el momento en que te responda a la pregunta “¿qué te pasa cariño, te has hecho pupa, o tienes hambre, o tienes sueño?” (Son el 99% de las razones a los primeros años de vida).

Si tiene hambre pero no le gusta “el arbolito verde”, pierde unos minutos en Google y busca un receta de verduras divertida para tu exquisito anfitrión. (Imagina que le dices a tu amig@ “o te lo comes o te lo comes, hombre ya, que llevo todo el día en la cocina”).

Si está malito o tiene miedo, DEJA TODO lo que estás haciendo y cuéntale historias divertidas abrazados en el sofá, una peli o dibujos, (y si en ellas aparecen princesas y superhéroes mucho mejor).

Y sorpréndele con pequeñas cosas que le hagan feliz, eso a todos nos gusta, un detalle que muestre que le quieres y que provoque un momento feliz juntos: hacer una tarta, recortar goma eva, pegar pegatinas por toda la casa, un disfraz, sesiones de belleza o peleas de cosquillas (con los bebés es aún más sencillo porque lo único que quieren es estar en brazos pegaditos a ti, o que se vayan pronto las visitas para que la casa se quede en silencio un ratito).

Prepararos para momentos duros, mis aventureros, y en esos momentos recordad su sonrisa, su olor, su carita mientras duerme, daros la mano y un beso, hablad mucho, y que uno de los dos siempre se asegure que la conversación termina con la frase “todo va a ir bien”.

La experiencia y conocer a vuestro pequeñ@ os hará reconocer los momentos de marcar límites y poner normas, que será mucho más fácil de entender para él si te has preocupado de enseñarle lo que es la EMPATÍA desde que te contestó por primera vez a la pregunta de “¿por qué lloras cariño?”.

Os queremos. Todo va a ir bien.

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